Desde que te elegií, innumerables sensaciones tuvieron su definición acertada dentro de mis primitivos conocimientos mundanos.
Desde que supe poder demostrarte ese potencial encerrado en nuestras mentes atocigadas de realidades oscuras y sin futuro, aprendí que el soñar no es para cualquiera.
Se necesita valor y entereza para darse cuenta y aceptar, para creer y luchar, para animarse a sentir y disfrutar...
Y el tiempo pasó, y nos dijimos cosas, nos deseamos tanta felicidad que era poco creible que sucediera.
Y ¿sabés qué?... las cosas suceden.
¿Por qué?... bueno, eso el tiempo lo justificará.
Así como da cuenta de todo cuanto nos traspasa de lado a lado cada vez que resumimos en risas el tiempo que nació desde conocernos.
Así como los sinsabores que se sienten cuando nos damos vuelta y no nos vemos, esa incertidumbre instantánea que se percibe cuando escuchás el silencio de mis mañanas.
Entonces los acertijos y encrucijadas nos colman la razón, nos hacen revisar todo aquello que hicimos nuestro, todos los momentos que supimos hacer especiales. Y las preguntas vuelven a retumbar en momentos quebrados, en espacios sin tiempo, en llantos sin lágrimas.
¿Te lo preguntaste sinceramente?
¿Creés saber lo que queres?
¿Sabrás si en realidad tenes eso que tanto necesitas?
¿Te darás cuenta de haberlo logrado?
Mi respuesta a todos esos, tus interrogantes, es siempre un sí.
Porque sé que puedo contenerte cuando te invade la desolación, sé que logro llegar a tu alma cuando necesitas abrazar.
Sé que puedo entenderte cuando tus momentos están hechos de injusticias, sé que hablar tu idioma te es escencial cuando no tenés palabras para decir, cuando la congoja aprieta tu garganta hasta quitarte el aire.
Sé que soy capaz de retener cada una de tus lágrimas, entibiarlas, purificarlas, sanarlas y devolvértelas como agua de manantial en las orillas de tus desiertos.
Mirame, escuchame, sonreí conmigo, tené la misma sensación de abrigo, cuando te cobijo en tus noches.
Soñame a tu lado, confiame tu más oscuro secreto y te darás cuenta sutilmente, que la respuesta correcta era un sí.