12 julio, 2015

Estarás bien...

Seguramente estarás bien. .. y sabés por qué?  Porque sencillamente a tu lado hay alguien que sabe lo que sentís con solo mirarte, alguien que es el principal sospechoso del atentado a tus días grises haciéndolos añicos con un simple beso, alguien que cuando mirás hacia atrás en la calle, te sorprende con una mirada que se traduce en un "Sí,  te miro para que me mires y estés conmigo...", alguien que en un día de lluvia te cubre con su abrigo y comparte cada gota que los moja, alguien que te cierra los párpados cuando nota tu rostro preocupado y relaja tu piel con sus manos, alguien que es capaz de recorrer tus manos con las suyas y encontrar el camino a tu estremecimiento, alguien que bajo tu espalda te regala su intimidad en su estado más noble haciendo que te entregues sin vacilaciones,  alguien que en tu sexo encuentra la excusa perfecta para pecar de atrevido y explotar tus ansias de ser amada...

Ese alguien, tiene el alma confiscada en tus dominios, en tu poder para hacerlo tuyo, en tu sonrisa para regalarle luz, en tus ojos para enseñarle lo que te gusta ver.
Ese alguien está enamorado de vos, tan simple y profundo como eso, tan estricto y extenso a la vez, auténtico y de bien, pasional, atento a tus movimientos, incondicional cuando gritás por paz.
Acá estoy, a tu lado, sosteniendo en un abrazo calido todo lo que tengas para compartir conmigo, desde tus mañanas hasta tus noches.

Llamame por mi nombre y hace que resuene como un mantra, que te haga bien, que te haga vos, que invente un nosotros...
Con vos quiero tener las ganas, con vos quiero poder hacerte ver tus días de otra manera, con vos quiero tus días,  aprender a amarte es mi experiencia extrema para sentir que nos sentimos.

11 julio, 2015

Alucinaciones



Qué necesidad de esperar tanto, pero tanto tiempo,  esperando que?
Acaso la divina providencia ilumine mi mente haciendome expeler palabras y palabras que solo reflejan lo que veo todos y cada uno de los días al momento de tenerte, sentirte, oirte, verte...
No será acaso una espera en vano? Si sé que cada vez me cuesta más retenerlas rebotando en mi garganta, esperando el momento propicio para inundarte con ellas... cierto es tambien que quiero inventar cualquier momento y excusa para hacerlo.
Entonces, ¿será justo hacer esperar a tus ojos de cielo para leer tamaña muestra de mi intención?
¿Será apropiado acorralar mi pecho contra mis paredes de hierro, de esas que solo se derriten cuando sospechan que estas próxima a mi?
La respuesta es no, ni justo ni apropiado... como sí lo son los deseos que me provocás cuando nuestros espacios personales se confunden como en un choque entre galaxias, confundiendo sus energias, fuerzas, luces...
Y así vemos como la realidad que conocemos se tiñe de un sabor extraño, y lo que creíamos racional se vuelve utópico, lo que imaginamos imposible está ahí, al alcance de nuestra mano.
Pero, ¿qué sucede entonces?
Cerrás los ojos y percibis olores, formas y sonidos de otros tiempos, otras creencias, otros ideales, otros anhelos.
Como caballeros idealizando a su dama perfecta, imaginando conquistarla con sus armaduras impregnadas de sangre de otros hombres que las poseyeron en lujuriosos y alcoholizados lugares sordidos.
Esas armaduras que hablan por sí solas de su bravura, que explican las pasiones que los llevan a cometer actos tan despiadados como enoblecedores bajo su acotada ambición de piel fémina, suave y aromada de jazmines.
Quizas remontemos nuestra imaginacion a tiempos anteriores a la propia humanización de las costumbres, donde lo primitivo y animal estaba a flor de piel, donde sólo se valían,  los hombres, de su instinto y su suerte para conquistar su presa, más de una vez con forma de hembra lejana.

Imaginacion y poder encerrado en algo tan pequeño como mi mente, poderes inmanejables cuando se antepone ante mi una mujer como vos, que puede despertar todo aquello oculto en nuestro escondrijos oscuros y pasionales, obligandome a imaginar y crear mundos donde esa mujer tiene pertenencia, se identifica, siente, confía, cree en cada una de las fantasías que regalo.

Así como cuando flotas en el mar y después de horas de dejar tu cuerpo a la deriva, te queda esa sensación alucinógena de seguir flotando y sintiendo tu cuerpo desarticulado, a merced de los pensamientos de tu hombre. Sin siquiera poder identificar lo real de lo surrealista, agudizando tu sensibilidad al máximo para hacerle conocer a tu cuerpo nuevas reacciones ante los estimulos que genero con mis palabras.

Poderte llevar de la mano con tus ojos entrecerrados, confiando en mí como un lazarillo, cuidándote, sabiendo que lo mejor que puedo hacer por vos es tenerte conmigo y ahogar tus gritos en mis oidos.
Y así los deseos se van sucediendo uno tras otro, sin darme tiempo para asimilar el anterior y enontrarme de golpe con el siguiente, desafiandome al límite, haciendome tomar actitudes espontáneas e instintivas, quieriendo conocer de antemano tus reacciones para poder disfrutarlas al instante. Como en una película donde sos protagonista y sabés el libreto de memoria para darme un desenlace soñado, con tu cuerpo como escenario, me invitas a improvisar sobre nuestra tentación más básica.
Me llevas con tus diálogos y puestas en escena hacia mi propio desenfreno, imaginando correr detrás tuyo, tratando de alcanzarte y caernos sobre arena tibia que al tocar tu piel, nos vuelca a una realidad bien conocida por nosotros: nuestra piel.

Piel, no en el sentido estricto y físico de la palabra, nuestra piel que habla de como nos aceptamos, nos permitimos, nos jugamos, nos regocijamos entre miradas, ideas que poco tienen que ver con el mundo conocido. Obviamente, entramos en tu mundo... y en él, nadie sabe que me depara el destino.

Recuerdos



...y aun recuerdo tus ojos enrojecidos de pasión, alcohol y éxtasis, acompañando a tu cuerpo casi desvanecido amalgamándose con el agua caliente, sostenido por mis brazos exhaustos, y entre balbuceos y palabras que querían colmar el silencio, me pediste que te amara nuevamente, sin saber siquiera como terminaría la próxima avalancha de placer que tibiamente atrapo con mis manos desde el centro mismo de tu ser...

Así quedo, describiendo un momento etéreo entre un hombre y una mujer que quisieron agotar toda instancia, toda forma posible a la hora de amarse.

Tus confesiones de ducha, tus palabras erotizantes, tu gesto al llenar mi boca con más vino, tu incitación a más... fueron detonantes para hacer de vos la mujer que quiero que sientas.
Excusa perfecta para olvidarse en sueños y nacer dentro de irrealidades agitadas,  deseos que nunca deberían ser olvidados o relegados,  me ocuparé para hacerlos morir y nacer una y otra vez.
Ese será mi deseo eterno, hasta que explotemos de saciedad y nos regocijemos en esos minutos en que solo estás vos, en que solo estoy yo, sin ropas, sin palabras, sin piel que hayamos olvidado besar.

Caricias del ayer



Elogiaria cada sombra que proyectas en mi cuerpo, cada vez que me iluminas con tus ojos, sin saber bien, entre penumbras y destellos, como lidiar contra ellas y hacerlas mías para que me acompañen en las noches cuando a mi lado no estás.
Ser vigía de tu respiración tratando de absorber cada bocanada afrodisíaca que esparcís sobre mis almohadas despues de hacerte encontrar tu placer más intenso, ese mismo que reacciona en tu voz diciéndome "basta amor...", sin sospechar siquiera que solo estás avivando la hoguera de mis manos.
Manos que intentaron darte tanto placer como sosiego,  tanto confianza como irresponsabilidad,  tanto dulzura como adrenalina... esas mismas que, tímidas,  buscaron tocarte en cuanta oportunidad haya existido,  las mismas que prometieron hacerte sentir de una manera única lo íntimo que puedas imaginar... esas que en tu piel han dejado su rastro imperceptible pero más que suficiente para saber donde reanudar el próximo encuentro...
Encontrame con cualquier pretexto,  bajo cualquier duda, ante tu peor miedo,  sobre tu mayor felicidad, ante tu fantasma más temido.
Allí me tendrás y me dirás con tus ojos que de tu cuerpo disponga y lo haga mío como solo yo sé hacerlo, como solo yo puedo comprenderlo, donde solo yo seré quien lo tenga.

Rimas Baratas



Ya he descrito con palabras extremas cada parte de tu ser,
y  sabiendo que tu belleza
me deslumbra por doquier,
me inclino ante tu grandeza, 
y no por parecer anonadado
remito a hechos de la ciencia, 
y es que un beso robado,
se transforma en toda una experiencia,
y, si aun no lo han notado
apelen a mi inconsciencia,
ahora les explico como lo he logrado.

Según cuenta la historia,
hubo un hombre casi extinto y sediento,
que revivió en su sombría memoria
la verdadera pasión disuelta en el viento,
sin entregarse ni dormir en su gloria,
sabes bien que no miento,
jamás habré de cantar victoria,
hasta no recibir de ti, el enamoramiento.

Cosa furtiva la cuestión del corazón,
hasta el alma necesita del llanto a veces
sin siquiera entender la razón
del porqué mi voz enmudece.
Y me hace parecer chiquito
al son de tus besos que me enaltecen,
aunque parezca delito,
en mis silencio adormece
tu miedo y tu grito.

Asi fluimos liberados,
entre la gente que nos revela con asombro,
las verdades que nos han endulzado,
ya nada hay bajo escombros,
para quien no te haya disfrutado.

Un viaje por tu cara

Relatos fantásticos se han escrito infinidades, viajes maravillosos e inolvidables que rebotan en nuestra mente por años...
Pero nunca nadie jamás se ha atrevido a soñar un viaje por tu cara.
Sí, parece algo extraño de entender, pero no lo es tanto cuando lo comprendas al leer estas líneas.

Amarte como te amo me hace pensar en querer mostrarte cosas que nadie te haya mostrado nunca, y es por eso que pude crear una descripción viva y detallada de cómo el hombre en mí se aventuró en este viaje de inquietante extrañeza al recorrer tu cara, imaginando encontrar en cada forma a su paso, un mundo diferente para descubrir...

Y así comenzó su travesía intangible a bordo de sus manos, con sus ojos como únicos guías en el abismo de tus noches.

Y así avistó el desembarco en tus mejillas, páramos frescos de una tersura jamás percibida por caricia alguna, tibia en las mañanas cuando te amanecía un "buen día amor..." de labios de tu amado, con espacios generosos para asentar mi humanidad y hacer en ellas mi tierra prometida.

Y así siguió su travesía hacia el sur de tu cuerpo, llegando al acantilado del placer (así lo llamó el caminante) cuando miraba hacia la pendiente de tu cuello desde las alturas de tu mandíbula. Caminando en cornisas redondeadas como las dunas talladas por el viento en el desierto.

Y así arriesgó su cuerpo al lanzarse por aquella pendiente sin fin, rodando hacia los lados, apenas pudo aferrarse con sus labios en la sutil prominencia de tu garganta; gracias a ello el caminante pudo sentir tus latidos desde fuera, supo entonces que era tiempo de seguir, ya que mirara por donde mirara, sólo veía paisajes de ensueños extraidos de literatura futurista…

Y así su itinerario abarcó un norte incierto, desde tu garganta no pudo soportar el no intentar encontrarse con tu boca. Llegando con sus fuerzas y sus deseos hasta tu mentón, el caminante no podía descubrir la forma de escalar tu prominencia; fue entonces que sucedió lo increíble, comenzó a sentir una brisa tibia, suave, que lo abrazaba; y en esa calidez se sintió más liviano, se sintió volar. De a poco, mientras ascendía rozando tu piel, supo de dónde provenía aquella brisa.

Y así descubrió tus labios, entreabiertos y expectantes, como queriendo llamarlo. No dudó entonces repasar su contorno carmín, podía humedecerlos con su aliento, y éstos respondían con movimientos suaves, y ese afrodisíaco momento de rozarlos con sus dedos, haciéndoles saber que hablarían su mismo idioma. Jugando entre un labio y otro, quiso arriesgarse a deslizarse dentro tuyo; se sintió incendiar con tu contacto, danza procaz en la erogenia de sus lenguas, enroscándose, empujándose, molestándose, provocándose.

Y así supo que era sólo el comienzo de su viaje. Por el rabillo de su ojo, alcanzó a reconocer algo que soñó explorar desde años antes.
¿Sería eso en lo que escultores, artistas, pintores ponen tanto esmero y detalle, eso que hace única a una persona…? Sí,  tu tallada nariz, pequeña y graciosa. No demoró mucho tiempo en escalarla… Sabía que teniéndote acostada, era casi el punto más elevado desde donde podría observar hasta donde puedan sus ojos, todo ese universo de formas y colores.
Tampoco demoró en llegar a su cima.

Y así se sintió cuasi amo de tu universo. El caminante sabía que por sus laderas podría deslizar su voz nombrando mil y un dioses agradeciendo esa inmensidad tan deseable para cualquier hombre.
Se dejó caer, respirando profundo para soportar el vértigo y la incertidumbre; casi llegando a su base se vio obligado a entrecerrar sus ojos, casi no podía distinguir formas, una luminosidad enceguecedora lo atraía más y más. Tropezando y reptando encontró lo que en los cuentos de hadas… el oasis de tus ojos, de una transparencia tal que era necesario mirar una y otra vez dentro de ellos para dar crédito a tamaña belleza.
Cristalinos, brillantes, sagaces, intensos, obscenos, atrapantes.
Tu gris celeste, le hablaba de ternura, lo invitaba a conocer tus tormentas y apaciguar tus aguas.

Y así, de tanto en tanto, a la sombra de tus pestañas, el caminante descansó horas contemplando tus atardeceres cuando entrecerrabas tus párpados, adormeciéndote en el pecho de tu hombre.
Con tu cabeza repostada sobre él, se dio cuenta que solo tenía que seguir su camino.
Tratando de encerrar en sus manos toda tu ternura, el caminante abrazó tu cara y reconoció una forma más para hacer su destino.

Y así, entre recovecos, curvas sin fin, terrenos de azúcar derretida, decidió conquistar tus oídos. Los repasó con la yema de sus dedos, los entrelazó, los besó, los mordisqueó; pero solo él sabía el arte de la conquista de esa, tu parte más interesante…
Sabía que en tus oídos sucedían extrañas reacciones a sus sonidos, a sus palabras. Era casi mágico e inexplicable, cómo una vibración del aire podía desatar tormentas en toda tu piel, qué combinación podría poner en marcha tal consecuencia.

Y así, el caminante entendió que más allá del tono de su voz, lo que realmente producía esa magia, era la palabra justa, en el momento exacto.
Su palabra justa, era nombrarte y hacerte saber que te llamaba con el alma, el momento exacto era la alquimia que cualquier hombre querría dominar.

Y así, me creí caminante y supe llamarte cuando tus cielos eran oscuros, cuando tus mares se abatían sobre las playas, cuando tus manos ya no resistían, pude nombrarte, llamarte amor, abrazarte, amarte.
Mucho será el tiempo en mi vida deseando estar a tu lado, mucha será la ambición de quererte mejor cada vez, muchas serán las ganas de despertar a tu lado cada mañanas.
Te siento parte de mí, te encuentro en mi tiempo y te deseo en mis noches.