29 marzo, 2016

Así te vi...

... y te vi sentada,  en ese banco de arena y recuerdos, parecía pesado y difícil de acomodar en tu jardín de flores.
Te vi con la mirada fija en el vacío,  aunque en medio de todo hubiera sembrados de trigo dorado.
Te vi ausente, tan atada a tus miedos y fantasmas que hasta podían palparse.
Te vi en silencio,  hablando con tu ser interior con tanta coherencia que hasta parecían dos.
Te vi sin poderte escuchar, a pesar de los gritos, que tu alma encadenada me hacía entender.
Te vi con mis ojos inundados más de una vez,  más de una noche.
Te vi a mi lado tan avasallante como frágil más veces de las que crees.
Te vi clamando por paz,  suplicando momentos tuyos, deseando compartir al menos una sonrisa con motivos concretos.
Te vi de muchas maneras,  muchos colores,  muchas formas, en muchas circunstancias... bañada de reflejos cuando salías del mar, con el sol en tu cara escudado en tus lentes cuando caminamos juntos; hermosa como una princesa cuando nos regalábamos una noche distinta, tierna y salvaje cuando sabíamos qué hacer con nuestros cuerpos.
Es el tiempo que nos merecemos vivir, son los deseos que no debemos frenar, son los sueños que escogimos volver realidad.
Solo pocas palabras podrían describir todo esto, y creo que amarte es una de ellas.
Me haces sentir con ganas de mostrarte cosas, de enseñarte lo poco que sé,  lo mucho que sueño.
Con ganas de inventarte palabras nuevas, quizá ridículas, pero mías... Y casi sin pensarlo me hice a la idea de compartir cosas con vos, casi sin medir actos, te elegí mujer,  te supe soñar despierto cuanto me fuera posible, te quise cerca cuando necesitábamos piel, te agasajo con pequeñas cosas que te hacen reir y que para mí son una gran cruzada, porque en todas esas cosas, yo me muestro, yo me entrego, yo desarmo y rearmo mundos para que te sientas cuidada, cómoda,  sensible, llena de felicidad; por eso te amo.
Apuesto a eso.