Soñar...
Ese ingrediente por momentos aluciógeno que nos
transporta a mundos tan poco creíbles, y que en escencia no es más que nuestro
propio deseo reflejado en un cántaro de aguas inquietas.
De a ratos pareciera hasta afrodísiaco, haciéndonos sentir cosas que jamás experimentaremos
estando conscientes, sentirnos en caída libre y rebotar sobre cuerpos desnudos
que nos abrazan, nos rasguñan, nos besan, nos pueden atravesar con un suspiro.
Sentirnos enervados formando parte de una jauría de bestias
hambrientas acosando a su presa, vivir en cámara lenta el momento en que hunden
sus dientes en la carne, sentir el sabor y el calor de la sangre desparramada
en sus fauces.
Tener entre tus manos el elixir sexual de tu hombre y untar tus
labios con él, tomarlo de la mano y recorrer parajes sombríos, erotizantes, prohibidos, vulnerables.
Hacerle sentir en cada beso cada parte de tu sexo, deshacerlo
entre tus manos como ceniza ardiente y extasiada, nombrarlo en cada gemido
cuando llegas al límite de tu pasión.
Así te sueño, así te
imagino, así te pienso, así te deseo, así te quiero.